Los otros pasajeros del Titanic: un libro recupera la historia de los perros que viajaban a bordo
Cuando el Titanic se hundió en las aguas del Atlántico Norte, la tragedia no afectó únicamente a sus pasajeros humanos. A bordo también viajaban varios perros, pero sus historias quedaron relegadas durante décadas a unas pocas líneas, numerosos rumores y algunas leyendas. El escritor y periodista digital David Fernández Rey recupera ahora su memoria en un nuevo libro.
La historia del Titanic ha sido contada miles de veces. Conocemos el iceberg, los botes salvavidas, la enorme pérdida de vidas humanas y las diferencias sociales que marcaron las posibilidades de sobrevivir.
Sin embargo, entre los pasajeros del transatlántico también había animales.
El escritor y periodista digital especializado en información canina David Fernández Rey ha decidido centrar en ellos su nueva obra, Los perros del Titanic. Este libro en formato digital reconstruye la presencia de estos animales a bordo y trata de explicar qué ocurrió con ellos durante la madrugada del 15 de abril de 1912.
El libro se encuentra disponible en formato Kindle a través de Amazon.
Al menos doce perros viajaban en el Titanic
Determinar cuántos animales había exactamente en el Titanic no resulta sencillo. Los registros de la época son incompletos y, con el paso de los años, algunos hechos documentados han terminado mezclándose con relatos imposibles de comprobar.
Las investigaciones históricas más citadas hablan de al menos doce perros identificados a bordo, aunque no se puede descartar que hubiera alguno más. Según la información recopilada por la revista Smithsonian sobre los perros del Titanic, solamente tres lograron sobrevivir: dos pomeranias y un pequinés.
Los tres compartían una circunstancia decisiva. Eran animales muy pequeños y permanecían junto a sus familias en los camarotes. Por ello, pudieron ser transportados en los botes salvavidas sin ocupar el espacio que habría necesitado una persona.
Uno de ellos era Sun Yat-Sen, un pequinés que pertenecía al matrimonio formado por Myra y Henry Harper. También sobrevivieron dos pomeranias: uno viajaba con Margaret Bechstein Hays y el otro pertenecía a Elizabeth Jane Rothschild.
Su reducido tamaño les dio una oportunidad que la mayoría de los demás perros no tuvo.
Los animales que no pudieron subir a los botes
Algunos perros viajaban en las instalaciones habilitadas para animales dentro del barco. Sin embargo, otros permanecían en los camarotes de sus propietarios con la tolerancia de la tripulación.
Entre los perros cuya presencia ha quedado recogida por diferentes investigadores había airedales, un chow chow, un fox terrier, un king charles spaniel y un bulldog francés llamado Gamin de Pycombe.
La mayoría no pudo ser evacuada.
Algunas fuentes sostienen que alguien abrió las jaulas cuando el hundimiento ya era inevitable y que varios perros fueron vistos corriendo por la cubierta inclinada. Sin embargo, en este punto resulta especialmente importante diferenciar los testimonios aceptados de las historias que fueron apareciendo después.
Una de las leyendas más repetidas habla de Rigel, un supuesto terranova que habría sobrevivido en el agua y ayudado con sus ladridos a localizar los botes salvavidas. No obstante, las investigaciones posteriores no han encontrado pruebas de su existencia ni testimonios de supervivientes que respalden aquel relato.
Esa frontera entre la historia y la leyenda es uno de los grandes desafíos a la hora de reconstruir la presencia de los animales en el Titanic.
Una tragedia observada desde un lugar diferente
Los perros del Titanic propone regresar a uno de los acontecimientos más conocidos del siglo XX desde una perspectiva poco habitual. Se trata de la de los animales que viajaban junto a sus familias y quedaron atrapados en la misma emergencia.
El libro no pretende equiparar las pérdidas humanas y animales, sino completar el relato de aquella noche recordando que en el transatlántico también viajaban perros que dependían por completo de las decisiones de sus propietarios y de la tripulación.
La supervivencia de los tres perros pequeños también refleja una realidad difícil de ignorar. En una evacuación marcada por la escasez de botes, el caos y la falta de tiempo, el tamaño y el lugar en el que se encontraba cada animal pudieron decidir su destino.
El segundo libro de David Fernández Rey
Esta es la segunda publicación de David Fernández Rey dedicada a la divulgación sobre el mundo canino. En 2025 presentó Razas de Perro, Pasado y Presente, una obra de aproximadamente treinta páginas que recorre la historia, evolución y diversidad de las razas. Además, muestra la transformación de la relación entre los perros y los seres humanos.
La presentación de aquel primer libro ya mostraba la intención del autor de combinar la divulgación histórica con un lenguaje accesible para cualquier persona interesada en los perros.
Mientras aquella obra ofrecía una visión general sobre la evolución de las razas, Los perros del Titanic se concentra en un episodio muy concreto. Además, recupera a unos animales cuya presencia rara vez ocupa un lugar destacado en los relatos sobre el naufragio.
Fernández Rey cuenta con experiencia en la creación de contenidos relacionados con los perros y ha colaborado con medios como Diario de Pontevedra, Crónicas de Lanzarote y Carabanchel.net. También está vinculado al proyecto digital Muy Wuau, dedicado a la divulgación canina.
Recordar también a quienes no pudieron salvarse
Más de un siglo después del hundimiento, probablemente nunca llegaremos a conocer la identidad y el destino de todos los animales que viajaban en el Titanic.
Sabemos que al menos doce perros estuvieron a bordo y que solamente tres consiguieron salir con vida. Del resto conservamos nombres, razas, algunas fotografías y relatos que permiten reconstruir parcialmente sus últimas horas.
Los perros del Titanic nace con la intención de reunir esas historias y devolver un espacio a unos pasajeros que también formaron parte de aquella travesía.
Porque incluso dentro de uno de los naufragios más estudiados de la historia todavía quedan vidas por recordar.

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