¿Tu perro se ríe de ti? La ciencia encuentra algo parecido al humor, pero no como imaginábamos.
Algunos perros retiran el juguete justo cuando vamos a cogerlo, nos engañan durante el juego y producen un jadeo relacionado con la diversión. Existen pruebas científicas de todas estas conductas, aunque demostrar que quieren hacernos reír resulta mucho más complicado.
La Voz Canina, el periódico de perros más famoso de España.
Tu perro se acerca con su pelota favorita entre los dientes.
La deja delante de ti, espera a que alargues la mano y, justo cuando estás a punto de cogerla, se la lleva. Después se aparta unos metros, baja las patas delanteras, levanta el trasero y vuelve a mirarte.
Si intentas alcanzarlo, comienza la persecución.
Desde fuera, la escena parece una broma perfectamente preparada: te ofrece algo, espera tu reacción y cambia las reglas en el último instante.
Pero ¿realmente se está riendo de ti?
La ciencia ha encontrado comportamientos caninos que se parecen mucho a las bromas, el engaño y la risa. Sin embargo, todavía existe una enorme diferencia entre comportarse de forma graciosa y comprender el humor.
El engaño del juguete no es una simple impresión
Una investigación reciente ha estudiado por primera vez las reverencias de juego que los perros dirigen específicamente hacia las personas.
El gesto resulta fácil de reconocer: el perro baja la parte delantera del cuerpo mientras mantiene levantada la zona trasera. Suele utilizarse para iniciar o mantener una interacción lúdica.
El estudio publicado en la revista Interaction Studies analizó 50 interacciones entre 27 perros y 26 personas, incluyendo tanto responsables conocidos como participantes desconocidos.
Los investigadores identificaron 50 reverencias de juego. Muchas aparecieron durante actividades como el tira y afloja y, especialmente, cuando el perro conservaba un objeto mientras impedía que la persona pudiera cogerlo.
Es decir, durante el clásico juego de «te lo doy, pero ahora no».
Los perros no se limitaban a correr con el juguete. Utilizaban señales que ayudaban a indicar que aquella frustración formaba parte del juego.
La reverencia podía funcionar como una especie de paréntesis:
«Lo que estoy haciendo no es una amenaza. Seguimos jugando».
Una conducta muy parecida a gastar una broma
El humor humano suele romper una expectativa.
Creemos que algo va a suceder y, de repente, ocurre otra cosa. Esperamos coger la pelota, pero el perro la retira. Pensamos que se aleja, pero vuelve corriendo. Vamos a sentarnos y él ocupa el lugar antes que nosotros.
Los perros son perfectamente capaces de aprender qué conductas provocan una reacción.
Si cada vez que roban una zapatilla nos levantamos, los perseguimos y hablamos con una voz diferente, pueden descubrir que coger ese objeto activa inmediatamente una interacción muy intensa.
La siguiente vez podrían repetirlo.
Esto no demuestra que piensen: «Voy a hacerle una broma». También podría explicarse mediante aprendizaje: una conducta que consigue atención, persecución o juego tiene más posibilidades de volver a aparecer.
Pero hay un detalle interesante.
Muchos perros no se limitan a realizar la conducta. También observan lo que hacemos después.
Los perros pueden modificar su conducta para engañar
Un conocido experimento publicado en la revista Animal Cognition encontró una capacidad que acerca un poco más a los perros al terreno de las bromas: el engaño estratégico.
Durante la investigación sobre el comportamiento engañoso de los perros, los animales interactuaron con personas que actuaban de manera diferente.
Una colaboraba con ellos y les entregaba la comida que encontraban. Otra se quedaba con ella.
Después, los perros podían conducir a cada persona hasta uno de tres lugares: uno contenía su alimento favorito, otro una comida menos deseada y el tercero estaba vacío.
Los animales aprendieron rápidamente quién colaboraba y quién competía con ellos. En el segundo día del experimento, condujeron con mayor frecuencia a la persona competitiva hacia el lugar vacío y reservaron la mejor opción para quien podía ayudarles a conseguirla.
No era una broma. El objetivo era obtener comida.
Pero el experimento demostró que los perros pueden observar el comportamiento de una persona, anticipar lo que probablemente hará y modificar estratégicamente la información que le proporcionan.
La mente necesaria para engañar no demuestra la existencia del humor, aunque revela una flexibilidad social mucho mayor de la que tradicionalmente se atribuía a los perros.
¿Los perros se ríen?
También existe un sonido que algunos investigadores han denominado «risa canina».
No se parece a nuestras carcajadas. Es una exhalación marcada y entrecortada que aparece durante determinados encuentros de juego. Puede confundirse fácilmente con un jadeo, aunque su patrón acústico sería diferente al de la respiración provocada únicamente por el calor o el ejercicio.
La investigadora Patricia Simonet grabó esta vocalización y la reprodujo posteriormente ante perros alojados en un refugio.
Según la documentación recopilada por el Canine Welfare Science Group de la Universidad Purdue, los perros mostraron menos comportamientos relacionados con el estrés durante la reproducción y aumentaron algunas respuestas sociales de aproximación.
El resultado sugiere que esa exhalación puede comunicar una intención amistosa o favorecer un estado relacionado con el juego.
Sin embargo, llamarla «risa» no significa que sea idéntica a la risa humana.
Todavía no sabemos si el perro experimenta algo comparable a encontrar graciosa una situación o si la vocalización funciona principalmente como una señal social que dice: «Esto es juego».
Reírse con nosotros no es lo mismo que intentar hacernos reír
Aquí está la diferencia fundamental que el artículo original pasaba por alto.
Un perro puede disfrutar mientras juega contigo. Puede reconocer tu risa, responder a tu estado emocional y repetir aquello que consigue que participes.
Pero todo eso no demuestra necesariamente que comprenda por qué algo resulta gracioso ni que haya planificado una conducta con el objetivo consciente de hacerte reír.
Para demostrar un auténtico sentido del humor tendríamos que comprobar varios elementos:
Que el perro comprende la expectativa inicial.
Que la rompe deliberadamente.
Que sabe que esa ruptura provocará diversión.
Y que su objetivo es compartir esa diversión con otra persona.
Los estudios actuales todavía no permiten completar toda esa cadena.
Lo que sí demuestran es que los perros controlan la atención de las personas, utilizan señales de juego, anticipan algunas de nuestras respuestas y adaptan su comportamiento según lo que consiguen de nosotros.
No es poca cosa.
Las supuestas bromas más frecuentes tienen otras explicaciones
Cuando un perro entrega un juguete y lo retira, probablemente está proponiendo una persecución o un juego de conservación del objeto.
Cuando roba una zapatilla y nos mira, puede haber aprendido que esa acción consigue atención inmediata.
Si ocupa nuestro lugar en el sofá, quizá busque comodidad, calor o proximidad, sin ninguna intención humorística.
Y si corre hacia nosotros para cambiar bruscamente de dirección, puede estar invitándonos a participar en un juego.
Ninguna de estas explicaciones elimina la diversión.
Solo evita colocar dentro de la mente del perro pensamientos humanos que todavía no podemos demostrar.
Entonces, ¿los perros tienen sentido del humor?
La respuesta más honesta es que todavía no lo sabemos.
Los perros presentan varias capacidades necesarias para que pudiera existir algo parecido al humor: disfrutan del juego social, crean expectativas, reaccionan ante el comportamiento de otros y pueden provocar pequeñas situaciones de frustración dentro de un contexto amistoso.
También aprenden qué acciones generan risas, atención o persecución.
Por eso resulta razonable pensar que algunos comportamientos puedan acercarse a una forma sencilla de humor compartido. Pero afirmar que preparan bromas conscientemente para hacernos reír continúa siendo una hipótesis.
Una relación construida alrededor del juego
Aunque no podamos entrar en su cabeza, sabemos que el juego ocupa un lugar muy importante en la relación entre perros y personas.
Jugar permite practicar movimientos, liberar tensión, comunicarse y construir confianza. Para que funcione, ambos participantes deben observarse y ajustar continuamente lo que hacen.
El perro disminuye la intensidad cuando nos detenemos. Vuelve a acercarse si nos alejamos. Nos ofrece el juguete, lo retira y comprueba si continuamos participando.
Quizá no esté escribiendo mentalmente el guion de una broma.
Pero sí está ayudando a crear una situación que ninguno de los dos habría construido por separado.
La ciencia todavía no puede asegurar que tu perro quiera convertirse en el cómico de la familia.
Lo que sí puede decir es que sabe cómo llamar tu atención, cómo iniciar un juego y cómo conseguir que vuelvas a levantarte del sofá para perseguirlo.
Y cuando finalmente te ríes, coge otra vez la pelota y repite exactamente lo mismo, resulta difícil no sospechar que ha entendido algo.
La Voz Canina, el periódico de perros más famoso de España.

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