Por: Óscar Gutiérrez de Toro / 25 enero 2026 / 06:00 horas / La Voz Canina
Los veterinarios de varias ciudades españolas coinciden en un diagnóstico preocupante: las mordeduras leves y los incidentes por reactividad canina han aumentado significativamente desde 2020. El fenómeno afecta especialmente a perros jóvenes o adoptados durante los años de la pandemia.
Sin embargo, los expertos lanzan un mensaje de calma y análisis: este repunte no tiene que ver con un aumento de la «agresividad» innata, sino con un déficit de socialización temprana que miles de perros arrastran desde su etapa de cachorros. Un problema silencioso que ahora, años después, está dando la cara.
La herencia del confinamiento: Una generación sin socializar
Durante los meses de confinamiento y restricciones, muchos animales crecieron en entornos reducidos, sin apenas contacto con otros perros, personas desconocidas o estímulos urbanos (ruido de tráfico, aglomeraciones).
Esto provocó, según explica la Asociación Nacional de Clínicas Veterinarias, el surgimiento de «una generación entera de perros que no completó su fase crítica de socialización». Este periodo, que abarca aproximadamente desde las 3 a las 14 semanas de vida, es la ventana biológica clave para el desarrollo emocional y conductual. Lo que no se aprende (o se normaliza) en esa etapa, se convierte en miedo en el futuro.
No es agresividad, es miedo: La advertencia de los etólogos
En palabras de la veterinaria etóloga Marta Valcárcel, la clave está en la interpretación del entorno: «Un perro que no ha tenido suficientes experiencias variadas y positivas durante sus primeros meses no sabe cómo interpretar el mundo más adelante. Reacciona antes por miedo, y el miedo es la principal causa de las mordeduras leves».
La especialista recuerda que la mayoría de los incidentes actuales son advertencias, no ataques depredadores ni graves: pequeños marcajes, pellizcos o reacciones impulsivas que ocurren cuando el perro se siente invadido o acorralado.
El drama de las devoluciones en protectoras
Los refugios también confirman esta tendencia estadística. Muchos perros adoptados durante el boom de la pandemia están siendo devueltos ahora por problemas de comportamiento.
Según los técnicos de bienestar animal, estos casos tienen solución con las pautas adecuadas, pero requieren compromiso. «No son perros problemáticos, son perros que no han sido educados para un mundo que nunca conocieron», explica un responsable de un centro de adopción en Madrid. El animal no es culpable de su falta de herramientas sociales.
Soluciones: Educación positiva y paciencia
Los expertos recomiendan a los tutores actuar ante la primera señal de reactividad:
- Socialización controlada: Exponer al perro gradualmente a estímulos, sin forzar.
- Entrenamiento positivo: Acudir a profesionales formados que no utilicen métodos aversivos.
- Evitar castigos: Como indicamos en artículos anteriores, el castigo solo aumenta la inseguridad y puede agravar la mordida.
«Un perro no se arregla regañando, sino enseñándole a sentirse seguro», subrayan los veterinarios. El año 2026 será clave para revertir esta tendencia mediante la educación temprana y la información basada en ciencia.

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